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El pantano - Filadi Curto

El pantano

Filadi Curto






Entendí su manera de amarme en un monte, en soledad.

Los árboles me hablaron de sus silencios, con susurros, con el suave balanceo de las ramas en la despedida del verano.

 Al final el agua mansa…   me recordó sus caricias, sus labios suaves cuando quiere sexo y sus labios prietos cuando el cansancio le vence.

Viví con pasión la libertad que, sin fronteras, me ha permitido disfrutar.

Sus enseñanzas de independencia, dolorosas en otros momentos, se mostraron ante mí como un gran tesoro.

Añoranza de su cuerpo junto al mío y el camino llamándome a gritos. Eran momentos de vida privada, de compañía ajena que se convirtió en familia. De valorar…

Volé con los pájaros para volver más sabia, para apreciar, para ver mi propia vida desde la distancia. Y la vi…  ellas estaban allí, él, nosotros.


Ta solo agradecer mis fortunas, la de tenerle, la de comprender



Con el alma rota - Filadi Curto

Con el alma rota

Filadi Curto




Cuando la lucha se convierte en un modo de vida, por la propia vida…

Cuando el miedo atenaza el corazón y no te deja respirar…

Cuando buscas la soledad para no oír lo que la razón te dice…

Llega un momento en que todo se rompe, en que tu cabeza no puede más y tus lágrimas se secan.

La vida sigue…

Pasará todo, o no… Llegará otra vez, o no…

Reconstruirse.

Sonreír con el alma rota.

Y olvidar el dolor, el miedo… quien pudiera…

Añorar a una madre protectora que se fue…

Desear sus brazos, donde llorar, donde no temer.


Y poder derrumbarme… 


La soledad de la vida - Filadi Curto

La soledad de la vida

Filadi Curto




Te conocí un día de sufrimiento, en el que las agujas taladraron mi piel para curarme. La sangre, en su torrente de vida, distribuyó el daño por cada célula, por cada surco de mi piel. Las lágrimas intentaron ayudarme. Me regalaron abrazos y caricias, miradas de amor para aplacar el dolor. Durante un tiempo sirvió.

Soledad…

Busqué refugio en la alegría que aliviaba las paredes de mis venas, la ilusión que azucaraba el momento, la felicidad que me hacía olvidar.

Soledad…

Acepté la muerte como el destino final, como realidad.

Soledad…

Y cuanto más tiempo pasa, cuanto más siento, bueno, malo o regular, más entiendo que la vida se vive en soledad. No depende de lo que otros quieran, si por ellos fuera…  tristemente, cada uno vive en soledad. 



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Las brumas del Paraiso -Filadi Curto

Las brumas del Paraiso

Filadi Curto 



Me acerqué con cautela, sin saber que había más allá de la cortina que enturbiaba los ojos. Su aliento acuoso me humedeció el rostro  mientras caminaba perdida. Sin más guía que el lejano murmullo proseguí el camino, hasta encontrarlo, hasta invadirlo. Me recibió con caricias, lamiendo mi piel, como si todo le fuera ajeno. Cerré los ojos para disfrutar, para imaginar las yemas de sus dedos, casi imperceptibles, invisibles, paseando mis pies, mis tobillos, mis piernas. De repente se fue, volvió, abruptamente me rodeó las rodillas, escaló entre mis muslos, gemí. Oí sus sollozos cuando se alejaba de nuevo. Y supliqué…

Vuelta la envestida… y la retirada…

-¿Por qué me hace esto?

Solo un deseo, estar en él y él en mi.

Entregada, comprendí que nunca me pertenecería. Pese a darme a él por entero, pese a abrir mi cuerpo y mi corazón sin pudor, sin recato, por necesidad, por egoísmo. Me concentré, entonces,  en disfrutar de cada paso entre su dulce vaivén, en aspirar su aroma profundo a vida y ahogar mis suspiros entre su rumor inmortal. Me emborrache de él, a sabiendas de que, para mi amante, tan solo era una más, uno más….

La eternidad pasó en un instante y consentí… una y mil veces…

Y desde entonces le busco. Prefiero encontrarle los días lluviosos y fríos, pues es entonces mío, solo mío.

            Al final,  acepté compartirlo, es tanto lo que me da, que me conformo con ser una más.

Los vi marchar - Filadi Curto

Los vi marchar

Filadi Curto



Les vi marchar a lo lejos, la imagen trajo  los recuerdos a mi mente: mi madre, nuestra infancia juntas, las  Noche Buenas llenas de risas, de niños… los abuelos…
Al echar la vista a tras me doy cuenta de la gran fortuna que es la familia, no solo la actual, la de antaño, la que se ha ido en parte, la que no volverá.
 Me veo en el lugar de madre,  se entremezcla mi vida y la de mi progenitora, para enseñarme que el tiempo transcurre, pero al final todo sigue igual o parecido. Con el paso de los años la comprendo mejor, valoro todos los sacrificios que hizo, en su juventud y en su madurez. Hay momentos en los que me parece que estoy mirando  el mundo desde sus ojos. Tal vez ella esté al otro lado de mi, como madre imagino no dejar nunca a mis hijas sin amparo, como madre pienso en ese pájaro que empuja sus polluelos a volar, aun a sabiendas que pueden no desplegar las alas en el vacío. ¿Ella seguirá ahí vigilando mi vuelo? ¿O su mirada me habrá perdido en el horizonte?
Mi mente quiere ir más allá, podría divagar hasta encontrar a la persona que más echo de menos en la vida, hasta imaginar donde está, como está y con quien. La añoranza trae las lágrimas a mis ojos, pero nunca me la devolverá. Aún así, me siento feliz por poder disfrutar de las personas que compartieron nuestras vidas, con las que, al reencontrarnos, resucita los recuerdos de alegrías compartidas, de personas entrañables que nos hicieron sentir queridas. Esa felicidad me lleva al agradecimiento de tenerlos todavía en mi corazón, de seguir compartiendo un modo de vida que mamamos  y de poder estar juntas, aunque sea a ratos.
Hoy, cuando los vi marchar, los recuerdos de otra partida más dolorosa  acudieron a mí,  nunca podré separar a mi madre de su familia, de la mía.
Pero ahora, cuando las lágrimas los despiden, en silencio, solo quiero recordar todos los momentos de felicidad; las luciérnagas en los setos, las risas de las hermanas, sus caminatas juntas rodeadas de niños para llegar al hogar familiar…. Los calcetines de borlas, y los vestidos de manzanas. Las pastas de Reglero, los veranos calurosos durmiendo en el suelo…  
Y ahora que te vas…  solo quiero recordar cuanto te quiero, cuanto os quiero. Y que nunca os podré separar a ella, a ti, como ella, como mi hija, ojos de cielo….
Ya te echo de menos… 

Azules y verdes - Filadi Curto

Azules y verdes

Filadi Curto 





Hay un lugar gris, donde a veces se va el corazón, donde las lágrimas reinan, donde vuelve el dolor, donde el miedo  domina.

Quiero vivir en azules y verdes, entre luces y alegrías, pero a veces… el gris domina. 
Pese a tu risa, mi dulce niña, pese a su lucha con tanta energía.

Hay un lugar gris que a veces me domina.

Y siempre miro al pasado, donde todo se quedó, para seguir la vida.

Pero quiero vivir entre azules y verdes, llenos de risas.

Hay un lugar gris que a veces me domina.

Aunque busco donde el cielo subyuga, donde la tranquilidad reina y el miedo termina. Donde los recuerdos son como compota de fresa, con ese ácido dulzor que no estropea la vida…

¿Y si no pienso en pensar  y así  dejar a la vida?

Pero… es que… a veces… el miedo domina…

El Río-Filadi Curto

El Río

Filadi Curto 



                                                                             

¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Qué ha pasado? Tengo frío...
Ah, si.. él... yo... Se lo dije, se lo he dicho una y mil veces, pero nunca me hace caso. Ya no soporto sus gritos, ni los míos. Ya no aguanto el odio que enciende su mirada, ni la rabia que me come por dentro. No puedo más, quiero terminar con todo esto de una vez, quiero paz, necesito descansar.
Cada día, cuando él no está, me digo que lo hablaremos con calma a su llegada. Ensayo en voz alta lo que le voy a decir: “Tan solo deseo que me ames, anhelo el cobijo de tus brazos, el calor de tu aliento en mi sien como antaño, hace tanto tiempo...”
Entonces los recuerdos lo inundan todo, la pasión de aquellos besos, la humedad de su lengua recorriendo mi piel, recreándose aquí... allá... el sexo improvisado que me hacía arder la sangre, la necesidad de buscarle, de entregarme sin pudor a todos sus deseos, a todas las fantasías que compartíamos, que nos abrasaban por dentro.
¿Dónde marchó todo eso? ¿A dónde se fueron las risas? Las lágrimas anegaron mis ojos, invadieron nuestra casa. Ya no hay susurros cariñosos, tan solo aullidos de bestias. Y como bestias pasamos de los insultos al coito salvaje, a la penetración violenta de su verga homicida, al desgarro de mis entrañas. Y cuando por fin llega la última envestida, descarga en mi toda su necesidad y huye, me abandona lleno de desprecio, hacia mi, hacia él mismo.
Es en ese momento cuando el Sena me llama, me pide a gritos que me vaya con él, que me deje mecer por su va y ven incesante, donde olvidaré los moretones, los arañazos y los jirones de la última batalla. Pienso en el agua acariciándome mientras me sumerjo despacio, su humedad trepando por mis piernas, lamiendo cada poro de mi piel con ternura. Cierro los ojos y siento la frialdad del elemento invadir mi rostro, pronosticando un final deseado, buscado. Se entremezcla con mi pelo, coquetean. Abro la boca y siento el agua turbia invadiendo mi garganta, solo deseo tenerlo, convertirme en él.
Hoy ya no he podido más, sus gritos, mis gritos, el Sena... y me fui, como tantas veces le dije que haría, en busca de los mimos del río. Y cuando ya me estaba poseyendo llegó él, y se quedó allí, en la orilla, mirando como el agua me cubría. Pensé que me detendría, pero no, tan solo miraba. El temor me invadió, quise correr a sus brazos, huir de allí, entonces vino en mi busca, cuando llegó a mi lado subió el brazo por encima de mi cabeza, pensé que me abrazaría, pero no, no lo hizo. Agarró mi cabeza y la hundió con fuerza … en el Sena... el agua turbia invadió mi garganta... como tantas veces desee...