Eduardo Martinez
…pero tu impresencia…
Y
este inacabable tormento… en mis ojos
la luz apagada del dolor…
No
abro las ventanas; no quiero la nueva luz diaria. Quiero, además,
que ningún aroma tuyo se escape
sutilmente…
Abro,
sin embargo, los armarios; aspiro todo el aire posible,
porque quiero a través de él,
recuperar algo de tu ser.
Corro
por la casa mirando todos los espejos, intentando
atrapar -aún- algún reflejo tuyo.
La locura me puede. Lo sé…lo sé.
Y
mientras, gasto las noches en no dormir, porque la noche
invadió mis ojos para siempre.
Cuando
ya no, cuando ya no… el leve rocío justifica mi vida…

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