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CAFE ENTRE LIBROS
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CAFÉ ENTRE LIBROS

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TENGO QUE DESAPRENDER... - Eduardo Martínez

TENGO QUE DESAPRENDER...
Eduardo Martinez



 

           Mi corazón de plomo, gime. Se va descomponiendo con su

trémulo palpitar.

            Tengo que desaprender a amarla. Tengo que desaprender…

            Vivir y morir en el mismo minuto. Hondo. Doliente.

Añorar un aroma. Una voz.

            Triste como un niño sin regalos el día de Reyes, así quiero vivir. Así,

entre la pena y la desilusión. Castigo que haga olvidar todo lo demás.

            En todos los espejos, pómulos hundidos, abrumadora muestra de

los dolores del alma, de los insomnios sufridos, de la falta de todo.

            En la cocina, una pequeña pizarra blanca pegada en la nevera. Escrito

en ella, un ¨te amo¨ que se ha escrito varias veces a lo largo del tiempo, por

diferentes manos. Y nunca ha sido garantía de nada. Nunca.

            En el salón, un cojín descosido, me recuerda una pelea con ellos,

entre carcajadas y cariño. Y el inexplicable silencio de ahora, haría creer a cualquiera que estoy loco, que nunca pudo haber aquí risas o besos sonoros.

            Mi habitación, echa de menos las caricias diarias que en ella surgían a

borbotones, como sin querer, como sin esperarlas siquiera. Aquí, sentado en

la soledad de la cama, una voz que no existe, me susurra si podré sentir algo

parecido de nuevo. Si podré permitir que alguien vuelva a ocupar todos estos

lugares otra vez.

            Tengo que desaprender a amarla.

                        Tengo que desaprender...









Eras tú, amada mía...

Eras tú, amada mía...
Eduardo Martinez

...Y notar, una vez más...

... Y notar, una vez más...

Eduardo Martinez





        ...y notar, una vez más, tu aliento que rodea mi piel…

¿Seré capaz de amar así dos veces?

Vacío. Soledad en la calle. Sin motivo. Por esperar lo inesperable…

        Estás harta de amar, y yo te amo.

        Estás harta de esperar, y yo te amo.

        Estás harta de todo… y yo te amo.

Y te tengo en los ojos que no me dejan ver.

En los días de playa. —¡cógeme bebé, no me sueltes!—

Yo, feliz en tu mundo. No por tu mundo, sino porque tú estás en él.

        Mendigando al sueño, sueño con tus manos, y con mis lágrimas por ti.

Y mis sábanas, llenas de caricias no entregadas, me preguntan todas las mañanas,

si volveré en la noche. Y no sé qué decir, no sé qué será…

        Acaso si el mundo se para, yo solo pregunto por ti.

Porque la mañana no es tal en realidad. Me engaña con ilusión de un día nuevo que,

al final, sigue sin traerme nada.

        —la locura hecha amor—

Alargar el luto, por ver si llegan señales, por ver si llega...



¡Qué tristeza hay en ti! - Eduardo Martinez

¡Qué tristeza hay en ti!

Eduardo Martinez





                          —¡Qué tristeza hay en ti…!
Caen mis alas, que nunca más levantarán el vuelo.
Sorprendido como un clavo sin cuadro, espero el aire de Mayo que no llegará…
                        —¡Ah, desaparecer en la persona que se ama!
Como un no padre que echa de menos la sonrisa feliz y despreocupada de un hijo…
Así eres; la pena en mis ojos.
Ávido y desangelado recuerdo de la primavera que me duele.
                        (...aquel día que te ame para siempre…)
No tengo más que decir. Sobra ya todo. Un día me encontrarán entre periódicos
viejos sin leer.. y entonces empezarás a quererme.
Entonces no habrá olvido amor, no habrá olvido...
                        —¡Qué tristeza hay en ti…!
                        —¿No sientes que sufro?




Lloro - Eduardo Martinez

Lloro

Eduardo Martinez

Me preguntan los pájaros por ti, y el viento que los lleva… y
lloro. Lloro miserablemente.
                        —¡Qué triste la primavera sin ti!—
                        Sangro sangre imaginaria por mis manos si no estás entre
ellas…
                        Eras mi principio y mi fin. Infinita y alegre como un jardín
de delfines verdes…
                        Me dedicabas suspiros cuando ya suspiros no te quedaban.
                        Y al fin, la tristeza como descanso por la rabia de todo.
                        Como un cuadro de pena colgado en una pared olvidada, lloro.

                                               Lloro miserablemente...



Tu mirada - Eduardo Martinez

Tu mirada 

Eduardo Martinez






                                    Tu sombra azul.

                                    Tu mirada gris tristeza…

          Tristeza que no se va al sótano.

            Honda infelicidad.

Y esta soledad perenne, indisoluble, me dice que ya no eres mi amor; la nueva

esperanza de alguien a lo mejor…

            ¿Cuándo abrí la ventana?

            ¿Ayer, hoy, hace unos días?

Llama a mi puerta, un día más, este inconmovible otoño.

                                    -tu aroma entre el viento-

Sucede entonces sangre en cada noche de piedra. En cada noche todas tus miradas,

besos, sonrisas… Dolor. El dolor.

Triste como una cena de geriátrico, me lleno de lágrimas.

La luz distinta. Opaca.

Lleno de vacío también. Incomprensible el mundo…

No entra tanta soledad en este folio indolente…  





Retuerzo mi corazón con tus recuerdos

Eduardo Martínez




…mi corazón con tus recuerdos…
Espero en la ventana. Veo desde mi silla, la desolación de una vida: ahora sí que pienso 
en las torpezas cometidas.
                        Eternamente desolado.
                        ¡Ah!, eternamente desolado…
                        Sórdido como un invierno sin días de sol, bebo de las fuentes de
la desdicha. Tendré, sin duda, que emborracharme para no olvidar…
                        Y aquí estoy, con soledad de paria desterrado, con tristeza y miseria de 
refugio antiaéreo, recordando que un día fui inmortal entre tus brazos.
                        Espero en la ventana…
                        Eternamente atormentado.
                        Eternamente…
¿Qué dirán las  sábanas si no vuelvo esta noche, qué dirá la mañana si no 
la veo de nuevo?
Retuerzo mi corazón con tus recuerdos…
                                   -terco, serio-
Y de ahí salen estas palabras garabateadas.


Apenas nada... - Eduardo Martinez

Apenas nada...

Eduardo Fernandez





            Salvado tu cuello -cerezo en flor- qué me queda?

            Apenas nada amor, apenas nada…





Nada - Eduardo Martinez

Nada

Eduardo Martinez 


Nada. Nada absoluta. Abandono.
Espera negra sobre la cama.
Recuerdo para una generación más solamente.
Cansancio profundo y apacible.
Lo único, el nombre en el buzón de un portal olvidado.
Y llorar, llorar sin saber todavía por qué.
Ojos brillantes de niño perdido.




Solo quien se fije bien...- Eduardo Martinez

Solo quien se fije bien...
Eduardo Martinez





       Sin darme cuenta apenas, dócilmente, voy olvidando
tu aroma. Y asumiéndolo.
            Como un cojo, que no es consciente de su cojera real; la
adorna, casi la disculpa. Acaso como un niño decrépito que esconde su miseria.

            Caen lágrimas pero hacia dentro, por detrás de los ojos, como a escondidas.
Nadie las ve. Van directas a la garganta. Los suspiros, de tan seguidos, parece que me
ahogan, no doy abasto…
            Solo quien se fije bien, lo notará por el temblor de mi barbilla…
Solo quien se fije bien.

            Notarán cómo te miro en la distancia. Notarán cómo siento al mirarte, al
imaginarte. O notarán cómo tengo aún tus formas en mis manos, tus besos
en mi –huidiza ahora- sonrisa. Tus suspiros en mis silencios.
            Notarán también en mi mirada, el vacío de vivir vacío…
                        -la melena larga, fugaz… el aire dulce…-
            Solo quien se fije bien, verá en mi una angustia inagotable, una muerte
por herencia…
Solo quien se fije bien…




Un buen día - Eduardo Martinez

Un buen día

Eduardo Martinez





            Te invento. Te invento en cualquier rincón de casa.
            Este cariño -inacabable- sin cuerpo al que abrazar. Sin labios
que rozar…
            Salgo. Salir para que no me grite la soledad.
Pero la tarde y la calle no me traen nada nuevo. Solo aire tantas veces respirado.
Inútil ya. Y a pesar del día soleado, una lluvia infinita del pasado me persigue.
            Ya de vuelta, en mitad de mi calle y del trayecto, un letrero verde escandaloso
de LIBRE, me invita a entrar en las entrañas de la tierra. Y me lo pienso, me lo
 pienso… Pero esta luz de tanatorio -seca, neblinosa- que va conmigo, me dice que no,
que  mejor en casa.
            Sentada a la entrada del portal, como al final del último autobús del día, de un
día cualquiera, una chica. Con cara joven y cansada –quizá enferma de hostelería- me
recuerda con  su mirada ausente pero esperanzadora, que puede que algún día alguien
me vuelva a mirar así.

            Ha sido -quién lo iba a decir- un buen día…

Si no lo hay... - Eduardo Martinez

Si no lo hay...

Eduardo Martinez



Me despierto, un día más -acaso esto no tenga fin- pensando en la persona.
Ya antes de tocar el suelo de mi habitación, a lo único que aspiro, es a un ¨te quiero¨ inesperado…
                                   Si lo hay será un día más.
                                                                       Si no lo hay…
            Recorre la luz mi vida, hoy de izquierda a derecha. No llega mi deseo.
La desesperanza, el olvido y la desilusión van, poco a poco, rebosándome con las
horas, los minutos -lentos, oxidados- y no llega la compensación a la vida.
¿O es la muerte terca, pesada, lenta?

            Cae ya la tarde -burlona- y casi otro día más.
                                                                       Si no lo hay…
                                                                                              La noche entra en mí sin pedir permiso, sin apenas ruido interior, como si ya viviera aquí, en mi pecho… abierto, quejumbroso, harto de tanta fractura sin solución…
            Y cuando ya la esperanza -no deseada, no añorada- ni siquiera era una opción,
oigo abrirse la puerta. Mi pensamiento solo concibe un ¨tengo mil ganas de ti, este amor
sin nadie a quien amar, se equivoca¨.
                                   Si lo hay será un día más.
                                                                       Si no lo hay…
            Veo, ahora sí, unos ojos entornados, inolvidables -en su fondo, allá, a  lo lejos, a lo lejos, la luz. La luz- que sin letras que pronunciar, me regalan un ¨te quiero¨.
                                   Por fin es un día más…

                                                                       Al fin.




Está fría la tierra

Está fría la tierra 

Eduardo Martinez




La tierra, fría…
Necesidad de paz.
Mi corazón roto… siempre roto…
Oigo -solo- grises. Solo…
Llora el niño. Un niño, llorando.
                        Solo también.
                                   Días, años, dolores…
Miro el mar. Lloro. El mar…
Ajeno -totalmente- a este mundo; agresivo, hostil, duro, seco…árido…
            Está fría la tierra…
                        Está fría.