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CAFE ENTRE LIBROS
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Lloro - Eduardo Martinez

Lloro

Eduardo Martinez

Me preguntan los pájaros por ti, y el viento que los lleva… y
lloro. Lloro miserablemente.
                        —¡Qué triste la primavera sin ti!—
                        Sangro sangre imaginaria por mis manos si no estás entre
ellas…
                        Eras mi principio y mi fin. Infinita y alegre como un jardín
de delfines verdes…
                        Me dedicabas suspiros cuando ya suspiros no te quedaban.
                        Y al fin, la tristeza como descanso por la rabia de todo.
                        Como un cuadro de pena colgado en una pared olvidada, lloro.

                                               Lloro miserablemente...



Tu mirada - Eduardo Martinez

Tu mirada 

Eduardo Martinez






                                    Tu sombra azul.

                                    Tu mirada gris tristeza…

          Tristeza que no se va al sótano.

            Honda infelicidad.

Y esta soledad perenne, indisoluble, me dice que ya no eres mi amor; la nueva

esperanza de alguien a lo mejor…

            ¿Cuándo abrí la ventana?

            ¿Ayer, hoy, hace unos días?

Llama a mi puerta, un día más, este inconmovible otoño.

                                    -tu aroma entre el viento-

Sucede entonces sangre en cada noche de piedra. En cada noche todas tus miradas,

besos, sonrisas… Dolor. El dolor.

Triste como una cena de geriátrico, me lleno de lágrimas.

La luz distinta. Opaca.

Lleno de vacío también. Incomprensible el mundo…

No entra tanta soledad en este folio indolente…  





Retuerzo mi corazón con tus recuerdos

Eduardo Martínez




…mi corazón con tus recuerdos…
Espero en la ventana. Veo desde mi silla, la desolación de una vida: ahora sí que pienso 
en las torpezas cometidas.
                        Eternamente desolado.
                        ¡Ah!, eternamente desolado…
                        Sórdido como un invierno sin días de sol, bebo de las fuentes de
la desdicha. Tendré, sin duda, que emborracharme para no olvidar…
                        Y aquí estoy, con soledad de paria desterrado, con tristeza y miseria de 
refugio antiaéreo, recordando que un día fui inmortal entre tus brazos.
                        Espero en la ventana…
                        Eternamente atormentado.
                        Eternamente…
¿Qué dirán las  sábanas si no vuelvo esta noche, qué dirá la mañana si no 
la veo de nuevo?
Retuerzo mi corazón con tus recuerdos…
                                   -terco, serio-
Y de ahí salen estas palabras garabateadas.