Eduardo Martinez
En mi casa ya no
se oye tu voz; la ¨no luz¨ lo va llenando todo,
porque no amanecía en realidad hasta
que tú no abrías los ojos…
Tedio,
vulnerabilidad…derrota al fin. Soy ya un vaso lleno, que
solo espera la última gota para derramarse.
Roto.
En
mi fantasía, aún sigues aquí…
En la forma del cojín de la
izquierda del sofá; en el tapón de tu perfume
olvidado en el fondo del armario
del baño…en el portalámparas que
rompiste por apretar demasiado la
bombilla -no lo arreglé, no-…
En el rayón que le hiciste a la
vitrocerámica; en la pinza de la ropa, la
azul que rompiste, que sigue en el
cestillo de las pinzas…
En el mando de la televisión, que
escondías bajo tu cuerpo, ante
mi insistencia de cambio de canal…
Y
te recompongo, a mi manera, en todas esas cosas…
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