Eva Rodríguez
<<Tengo la seguridad de que
todo va a cambiar>>, murmuró entre dientes,
mirando frente a sí pero sin ver más
allá del parabrisas. Suspiró.
<<…Pero con este ruido no
consigo oír mis propios pensamientos. ¡Menudo atasco! ¿No ven que es inútil pitar?>>
Cae la tarde; hace ya dos horas que está en la autopista. Su
pensamiento vuelve a los ojos azules que espera volver a ver pronto, cuanto
antes.
<<A ver, ¿cómo fue todo?...>>
era un placer volver a repasar el
encuentro, <<…Justo al llegar al atasco, al reducir la marcha noté
por el rabillo del ojo que el conductor del coche de al lado me miraba con
insistencia, así que le miré también: Llevaba gafas de sol y traje oscuro con
camisa blanca y lucía una sonrisa preciosa que atravesó los nubarrones de mis
pensamientos como un rayo de sol en una tarde tormentosa de abril. Luego tuve
que avanzar al moverse por fin los coches de delante y le perdí de vista. Y
volvimos a coincidir un poco más adelante: No sólo no le había intimidado mi
gesto adusto, sino que volvía a sonreírme mientras se quitaba las gafas y…
¡caramba, yo conocía esos ojos risueños! ¡Sí señor, era él, cuánto tiempo! Y
estaba guapísimo, con el pelo cortado a cepillo y aquella sonrisa, preciosa,
–solo para mí->>.
A través
de las ventanillas bajadas de los coches, otra vez detenidos en el dichoso
atasco, se reconocieron, se observaron,
“¡Cuánto tiempo, qué guapa estás!”, ”¡Y tú te has cortado el pelo!; no está
mal, ojitos azules.”
Se pusieron al día brevemente, sin más interés que terminar las fórmulas
de cortesía, “¿Tienes prisa, puedes hacer un hueco para tomar algo?” “Tenía
un compromiso dentro de quince minutos, pero voy a posponerlo para mañana;
imposible ser puntual con este lío. Estoy libre por el resto de la noche.”
“Genial, podemos cenar juntos, ¿te apetece?” <<¡No sabes cuánto!>>,
pensó ella, y dijo “Genial. Detrás de aquella gasolinera hay un restaurante que
está bastante bien.” Los pitidos la
obligaban a avanzar unos metros y, lentamente, a tirones, está llegando a la
salida hacia el área de servicio.
Rememorar cómo acababan de encontrarse le había resultado muy agradable
y ya no se sentía ni atrapada ni triste. Mañana iba a tomar unas cuantas
decisiones, no tenía por qué mantener aquella penosa situación ni un día más,
no le debía nada a nadie y tenía sus propios recursos.
Suena el móvil: activa el ´manos libres´ y responde a su voz grave, “Sí,
soy yo.” “Ah, no estaba seguro de
haber anotado bien el número. Nos vemos en el restaurante”. Él llega un minuto antes y la espera junto
al coche que conduce. Es un caballero.
<<…Y…
aquí estoy, quitando la llave de contacto con manos algo temblorosas y este
brillo en los ojos... Repaso los labios con rouge.
Perfectos. El pulso late algo alocado, pero me siento bien, segura. Salgo.
Compruebo de un vistazo que:
1) Su coche, para
cuyos dueños es persona de confianza, es efectivamente un precioso Jaguar F-TYPE
R Coupé verde oscuro,
2) Él no
puede estar más atractivo, apoyado en la puerta mientras dice que le encanta mi
imagen de ejecutiva elegante, me tiende una foto… ¡Ah, cuántos años hace que no
llevo el pelo tan corto!. Ese día también me miraba a los ojos así, como ahora.
Beso de
bienvenida. Qué bien huele. Como siempre>>.
“¿Entramos?.”
Le cede el paso con
galantería; se sientan, cenan, ríen.
Más tarde se repite la historia y late la vida, intensa, cálida, sin prisa.
Más tarde se repite la historia y late la vida, intensa, cálida, sin prisa.
Fuera, el tiempo sigue su curso; la luna creciente aparece con su
pequeño amigo brillante y lucen juntos sobre el manto oscuro de la noche.

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