Eduardo Martínez
Y mientras río, los ojos se anegan.
Doliente de dar amor sin vuelta, porque ya no nos reconocemos. Ya no
nos reconocemos…
Un año ya; soy un año más triste que cuando lo llenabas todo.
Y desde entonces, esta angustia inagotable que no acaba. Este llanto
que me recuerda que, aunque crea que sí, no estoy muerto.
De pronto, soy el viejo que no pedí, el futuro anciano al que un día besaste,
abrazaste, por el que un día te cayeron lágrimas…al que en una época acariciabas.
Desde entonces, ando como derrumbado, como enfermo, como una sombra
sin luz que la proyecte…
Sollozando al aire solitario… con un pitido constante en los oídos, que solo
lo provoca el vacío abrumador, seco, malvado.
Grito, pero no consigo nada; tu olvido y la muerte juegan conmigo a la vez.
Un año hace, un año menos. Sin gracias a Dios. Sigo escribiendo porque tengo
que seguir viviendo. Pero el sufrir que llevo en mi garganta, en mis ojos,
es como una estrofa final, cruel…
El día que me encuentren muerto, quiero tener sobre mi pecho esta poesía,
porque al final fue mi más fiel compañera…

2 comentarios:
Muy bonita...
�������� joer, qué pena!.....
Publicar un comentario