Eduardo Martínez
Explícame lo que sientas...
Que ya no
recuerdas mi nombre ni mis ojos inolvidables…
Que mis
abrazos –torpes en tu memoria- ya no son añorados,
ya no son
perseguidos.
Que por fin
gritaste al desamor, exenta ya de
conciencia
y rencor -¿no sientes que muero?-.
Pero déjame…
déjame que
te explique…
Que mis
mañanas mueren al amanecer.
Que mi
sonrisa, alberga el dolor del mundo. Si supieras…
Que mi
quietud tras la ventana de hielo,
solo es para
hacer inmortales los recuerdos.
Las
caricias de raso, los besos…
Ah,
los besos…
Y desde entonces, -¿cuándo?- los días grises.
La mano que
busca en la oscuridad, el oído que echa de
menos el
susurro que –entonces era así- lo explica todo,
lo justifica
todo.
Tras mi puerta cerrada, la soledad.
El aroma a
dolor –tosco, anguloso, vengativo- que me
recuerda a
un hospital de caridad.
Y ahora, aparentando entereza, plasmo en este papel lo que
nunca
leerás, lo
que un día algún viento del norte, invernal, inquieto,
revoltoso,
volteará a ras de suelo sin que nadie lo recoja…
Para entonces seguiré viviendo en los días grises.

2 comentarios:
Una vez mas, las palabras me llegan muy adentro, cada linea puedo hacerla mia. Que maravilla poder plasmar en palabras.... Los sentimientos.
Bravo...
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